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¿Por qué “El juego del calamar” se convirtió en un éxito mundial?


Publicado:

2021-10-12

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Este drama de terror y suspenso creado por Netflix arrasó en las principales listas de popularidad apenas unas semanas después de su estreno, el 17 de septiembre. No solo alcanzó la cima de las series de televisión en streaming a nivel mundial, sino que además su aceptación entre el público siguió creciendo y los productos derivados se vendieron muy bien. El tema sigue generando gran expectativa. El director ejecutivo de Netflix, Ted Sarandos, señaló que la serie se ha convertido en el drama original no en inglés con mayor calificación de la plataforma e incluso se prevé que obtenga el máximo reconocimiento en la historia de Netflix. La trama de “El Juego del Calamar” no es nueva ni extravagante: un grupo de personas marginadas, sumidas en deudas y desesperación, son atraídas a un juego sanguinario. La recompensa está fijada en 100 millones de wones por persona, y 456 participantes deben superar seis niveles —como el de los muñecos de madera uno, dos y tres, o el propio juego del calamar—; si logran avanzar, pasan a la siguiente ronda, pero si fracasan, son abatidos de inmediato y el premio se acumula automáticamente en el fondo destinado al ganador. El vencedor final recibirá una enorme suma de 45,6 mil millones de wones (aproximadamente 245 millones de yuanes). El tema de los juegos de supervivencia tipo Battle Royale ya había sido explorado en numerosas obras de gran éxito, como “Los Juegos del Hambre”, “Battle Royale” o “Alicia en el país de los muertos”, entre otras. Entonces, ¿por qué “El Juego del Calamar” logra romper barreras culturales y convertirse en un fenómeno global? Por supuesto, una producción cuidada es el punto de partida fundamental. El equipo encabezado por el director Hwang Dong-hyuk, responsable de “La Fábrica”, lo tiene claro: los altibajos de la trama, un ritmo narrativo pausado y la interpretación magistral de un reparto poderoso garantizan una experiencia visual rica y emocionante para el espectador. Lo realmente singular es que las reglas del juego de vida o muerte en esta serie son sorprendentemente simples: desde buscar dulces enterrados hasta tirar de cuerdas, jugar con canicas o saltar a través de anillos de calamar, todo se basa en antiguos juegos infantiles sin complicaciones mentales. Esto evoca la nostalgia del público, permite entrar rápidamente en la historia sin perder el foco y mantiene la atención centrada en los personajes, más que en las mecánicas del juego. Otro aspecto destacado es el perfil de los personajes. A diferencia de otras obras de este género que suelen elegir adolescentes como protagonistas, los integrantes de “El Juego del Calamar” son principalmente adultos jóvenes y de mediana edad, excluidos socialmente. Aunque todos comparten la condición de marginados, cada uno representa una faceta distinta: hombres frustrados y atrapados en el ciclo de la pobreza tras ser despedidos; élites sociales que han fracasado en sus inversiones; trabajadores extranjeros explotados por empleadores sin escrúpulos; desertores engañados por intermediarios… Todos ellos se ven empujados hasta el último rincón por las circunstancias. Esto amplía enormemente el público potencial de la serie, especialmente en un momento en que la competencia social se intensifica, la deuda personal aumenta y la pandemia de COVID‑19 introduce incertidumbres adicionales, elevando aún más la presión existencial sobre la población en general. Al situarlos dentro de la trama, enfrentándolos al dolor y la lucha de quienes están en la base de la sociedad, la obra logra despertar empatía, temor y resonancia en el espectador. Luego volvemos al eterno y universal dilema entre el dinero y la moral. Cada episodio de “El Juego del Calamar” somete constantemente a prueba nuestra humanidad. ¿Qué es más importante: la vida o el dinero? En cierto momento, el sangriento juego llegó a suspenderse: el miedo acabó con la codicia y los participantes abandonaron la contienda mediante votación. Sin embargo, la crudeza de la realidad resulta igual de implacable que el propio juego. Tras múltiples renuncias y decisiones difíciles, la mayoría termina por volver al ring de la supervivencia. Esta es una dura verdad: para quienes se encuentran en situaciones extremas, la vida y el dinero están profundamente entrelazados e inseparables. De manera similar, las fronteras entre la emoción y la razón, entre el bien y el mal, se vuelven difusas. En “El Juego del Calamar”, a veces es necesario mostrar bondad hacia quienes nos rodean y buscar aliados para sortear juntos la crisis; pero en ocasiones esos mismos aliados pueden convertirse en enemigos, y solo sobrevivirás eliminando a tu oponente. Cuando las normas de la civilización se rompen, el juego revela la maldad del egoísmo y la codicia inherentes a la naturaleza humana, al tiempo que también hace visible la compasión, el amor y la generosidad que persisten en medio de la adversidad. Como señaló el diario Süddeutsche Zeitung, cada decisión tomada aquí genera empatía en el espectador: “No dejarás de preguntarte: ‘Si yo estuviera en su lugar, ¿qué habría hecho?’”. Lo más irónico es que, cuando el juego se acerca a su fin, todos descubren que este juego de supervivencia entre personas de la misma clase no es más que una herramienta utilizada por los ricos para buscar la emoción del azar, algo parecido a una carrera de caballos. Incluso el organizador llega a asegurarles a los participantes: “Todos los que forman parte del juego son iguales, porque queremos ofrecerles a quienes sufren injusticias y discriminación en el mundo exterior una última oportunidad…”

Este drama de terror y suspenso, creado por Netflix, arrasó en las principales listas de éxitos apenas unas semanas después de su estreno el 17 de septiembre. No solo alcanzó la cima de las series de televisión en streaming a nivel mundial, sino que la popularidad entre el público siguió en aumento y los productos derivados se vendieron muy bien. El tema sigue generando gran expectativa. El director ejecutivo de Netflix, Ted Sarandos, señaló que la serie se ha convertido en el drama original no angloparlante mejor valorado de la plataforma e incluso se prevé que obtenga el mayor reconocimiento de la historia de Netflix.

La historia de “El juego del calamar” no es nueva ni extravagante. Un grupo de personas marginadas, arrastradas por las deudas y la desesperación, es atraído a un juego sanguinario. El premio inicial está fijado en 100 millones de wones por persona, y los 456 participantes deben superar seis niveles, como el de las tres personas de madera o el del juego del calamar. Se pasa a la ronda siguiente si se supera el nivel con éxito; en caso de fracaso, se recibe un disparo y el dinero del premio se acumula automáticamente en el fondo destinado al ganador. El vencedor final se llevará un millonario premio de 45,6 mil millones de wones (aproximadamente 245 millones de yuanes).

El tema de los juegos de supervivencia tipo Battle Royale ya ha sido abordado por numerosas obras de boca en boca, entre ellas “Los Juegos del Hambre”, “Battle Royale”, “Alicia en el país de los muertos”, entre otras. ¿Por qué “El juego del calamar” logra traspasar las barreras culturales y convertirse en un éxito global?

  Una producción sofisticada es, naturalmente, lo más básico. El equipo de producción, encabezado por el director Huang Dong Hyuk de “The Furnace”, lo comprende a la perfección. Los altibajos de la trama, el ritmo narrativo reposado y la interpretación magistral de los destacados actores, entre otros aspectos, garantizan al público una experiencia visual rica y apasionante.

  Lo que resulta singular es que las reglas del juego de la vida y la muerte en esta obra son sumamente sencillas. Ya sea cavar en busca de dulces, jugar al tira‑y‑afloja, apostar con canicas o saltar a través de aros de calamar, todo ello consiste en antiguos juegos infantiles que no exigen demasiado esfuerzo mental. Esto suscita la nostalgia del público, lo introduce rápidamente en la trama sin desviarse del eje central, de modo que la atención de todos se mantiene siempre centrada en los personajes y no en el juego en sí.

  El planteamiento de los personajes constituye otro de sus puntos fuertes. A diferencia de obras anteriores del género battle royale, que tomaban a adolescentes como protagonistas, los personajes de “El juego del calamar” son en su mayoría jóvenes y personas de mediana edad marginadas socialmente. Aunque todos se encuentran en la base de la sociedad, su “condición” no es igual: hombres arruinados por el juego y frustrados tras ser despedidos; élites sociales que han fracasado en sus inversiones; trabajadores extranjeros oprimidos por patrones sin escrúpulos; y desertores engañados por intermediarios… toda clase de personas se ven arrastradas hasta el último rincón por el destino. Esto ampliará sin duda el público de “El juego del calamar” al máximo. Especialmente en un momento en que la competencia social se vuelve cada vez más feroz, la deuda de los ciudadanos aumenta y la repentina pandemia de neumonía por coronavirus ha generado múltiples incertidumbres, lo que hace que la presión existencial de la población en general siga creciendo. En este contexto, sumergirlos en la trama de la serie y hacerles enfrentar el dolor y la lucha de quienes están en la base de la sociedad puede despertar aún más la empatía, el miedo y la resonancia del espectador.

Luego vuelvo al eterno y común tema del dinero y la moralidad. Cada episodio de “El juego del calamar” somete a la humanidad a una tortura constante.

La vida y el dinero: ¿qué es más importante? Vimos que este sangriento juego llegó a suspenderse en cierta ocasión. El miedo venció a la codicia, y los participantes abandonaron el juego mediante una votación. Sin embargo, la crueldad de la vida real no es menor que la del propio juego. Tras varias alternativas y renuncias, la mayoría de los participantes acabó por regresar al escenario de la vida y la muerte. Esta es una verdad cruel: para quienes se encuentran en situaciones desesperadas, la vida y el dinero están fundamentalmente entrelazados e inseparables.

De manera similar, los límites entre la emoción y la razón, entre el bien y el mal, no son claros. En “El juego del calamar”, a veces es necesario mostrar bondad hacia quienes nos rodean y buscar aliados con quienes unirnos para superar la crisis. Pero en ocasiones, esos mismos aliados pueden convertirse de repente en nuestros enemigos, y solo logramos sobrevivir eliminando al adversario. Cuando se traspasan las normas de la civilización, el juego pone al descubierto la maldad del egoísmo y la codicia inherentes a la naturaleza humana, al tiempo que hace que las personas vean la compasión, el amor y la bondad que aún persisten. Una reseña del diario “Süddeutsche Zeitung” señaló que cada decisión tomada aquí suscita empatía en el espectador: “No dejarás de preguntarte: si estuviera en su lugar, ¿qué habría hecho yo?”

Lo más irónico es que, cuando el juego se acerca a su final, todos descubren que este juego de supervivencia, en el que personas de la misma clase se enfrentan entre sí, no es más que un instrumento para que los ricos busquen la emoción del juego, similar a una carrera de caballos. El organizador también les dijo a los participantes, de manera bastante convincente: “Todos los que participan en el juego son iguales. Esto se debe a que queremos ofrecer a quienes son tratados injustamente y discriminados en el mundo exterior una última oportunidad de ganar en una competencia justa.”

El espectador resulta sumamente contradictorio. Al final, el protagonista masculino le espetó con vehemencia al otro extremo del teléfono: «¡No somos caballos, somos humanos!» Parece que la gente percibe una esperanza de resistencia; pero en un contexto en el que la brecha entre ricos y pobres se ensancha y la injusticia social está presente por doquier, esta frase rebosa duda e impotencia.

Quizá esto sea precisamente lo que el director Huang Dong Hyuk pretendía. En una entrevista, afirmó: «Lo que quiero escribir es una fábula sobre la sociedad capitalista contemporánea».

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