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Se necesita una lucha unificada contra el virus en África


Publicado:

2020-05-25

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Mujeres llevan bolsas de harina de maíz sobre la cabeza mientras las personas hacen fila para recibir ayuda alimentaria en medio del brote de la enfermedad por coronavirus, en el asentamiento informal de Itireleng, cerca del suburbio de Laudium, en Pretoria, Sudáfrica, 20 de mayo de 2020. [Foto/Agencias]

Los esfuerzos para apoyar a los Estados africanos han ido llegando de manera gradual, pero con escasa coordinación global.

El G20, por ejemplo, se comprometió a establecer un fondo de estímulo global por valor de 5 billones de dólares, mientras que el Banco Africano de Desarrollo ha creado un fondo de 10 mil millones de dólares. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional siguen aprobando miles de millones de dólares para ayudar a África a hacer frente a la pandemia.

Por su parte, China ha liderado las donaciones de equipos de protección personal y las aportaciones del sector privado, como Alibaba y la Fundación Jack Ma, así como el despliegue de expertos médicos y de equipos en todo el mundo para combatir la COVID‑19.

Sin embargo, el enfoque de África se orienta más hacia la reducción del temor de que los sistemas sanitarios colapsen bajo el peso de la pandemia y a la reactivación económica. También pesa el riesgo de perturbaciones sociales, políticas y de seguridad. Asimismo, prevalece la tendencia a priorizar los intereses nacionales, en contraste con la adopción de un enfoque colectivo.

Todo esto se desarrolla en un contexto de deterioro de las economías de la región, a causa de adversidades como las invasiones de langostas en Somalia, Etiopía, Kenia, Uganda y Sudán del Sur; los disturbios civiles en Burkina Faso, la cuenca del lago Chad y Malí; y el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Guinea.

Cabe destacar que la Estrategia Continental Conjunta de la Unión Africana para el brote de COVID‑19, publicada en marzo, aún no ha logrado coordinar plenamente la colaboración entre los agrupamientos de Estados africanos conocidos como comunidades económicas regionales. Hasta la semana pasada, estos bloques regionales abordaban la situación de manera distinta.

Un análisis exhaustivo de las áreas que podrían verse afectadas por el nuevo coronavirus revela posibles incertidumbres en el futuro de la arquitectura africana de democracia, paz y seguridad.

Por ejemplo, el 31 de marzo, la Junta Nacional Electoral de Etiopía pospuso nuevamente las elecciones parlamentarias del país, pasando de agosto a una fecha aún por determinar, debido a la COVID‑19.

También resultan preocupantes los desafíos de seguridad y sociales vinculados a la pandemia, que evolucionan rápidamente y se ven agravados por las complejidades inherentes a la puesta en marcha de los mecanismos regionales de respuesta.

La implementación de acuerdos de paz cruciales se está retrasando, y los esfuerzos de negociación se ven obstaculizados. Los grupos terroristas también están aprovechando el brote de COVID‑19 para difundir desinformación y utilizar diversas plataformas de redes sociales con fines de reclutamiento.

Además, la pandemia está acentuando las preocupaciones en la región respecto de los más de 17,7 millones de desplazados internos y de los más de 6,3 millones de refugiados.

Por lo tanto, es fundamental que el continente refuerce la integración regional para afrontar de manera más unificada la lucha contra el virus. Quizá pueda tomar como ejemplo la gestión de otros brotes infecciosos, como el de ébola.

El esfuerzo por obtener financiación debe estar bien coordinado para garantizar un plan de recuperación sin fisuras.

África ha demostrado su voluntad y determinación para hacer frente a la pandemia. Debe establecerse un equilibrio entre el fortalecimiento de las capacidades nacionales y de los países vecinos, a fin de adoptar un enfoque colectivo en la gestión de la crisis.

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