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El maestro del piano, de 94 años, falleció. Eligió esta pieza como su “bis” para legar al mundo.


Publicado:

2025-06-19

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El 17 de junio, el maestro austriaco del piano Alfred Brendel falleció en su domicilio de Londres a los 94 años.

 

Aunque lleva diecisiete años alejado de los escenarios, como uno de los pianistas más influyentes del panorama musical internacional desde la segunda mitad del siglo XX, su partida ha dejado profundamente consternados a sus colegas y a los amantes de la música, quienes en numerosas ocasiones han lamentado la pérdida de tan gran pianista.

 

El señor Yin Chengzong, renombrado pianista, ha asistido en vivo a las interpretaciones de Brendel en múltiples ocasiones durante los últimos más de treinta años. Entre ellas, la versión que Brendel ofreció del Concierto para piano n.º 1 en re menor de Brahms fue la que más profunda impresión le dejó. En el fondo, su expresión es poderosa y sincera; en sus interpretaciones, la estructura resulta rigurosa e inigualable. De él he aprendido muchísimo.

 

No cabe duda de que Brendel fue un intérprete excepcional de la música germano‑austriaca de esta época. Su brillante comprensión y ejecución de las obras de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Brahms y otros se fundamentan en su talento natural, pero, más aún, en una reflexión exhaustiva y profunda sobre el contexto creativo y las connotaciones ideológicas de dichas piezas. Incluso ante obras que le son sumamente familiares, siempre que se le presenta la oportunidad de interpretarlas, ello representa para él un comienzo completamente nuevo.

 

Cuando se trata de música, Brendel siempre explora todo tipo de posibilidades con una dedicación desinteresada. Ya sea en concierto o durante la grabación de un disco, tan pronto como sus dedos entran en estrecho contacto con las teclas blancas y negras, basta escuchar los primeros compases de la obra para saber que nos espera una experiencia musical perfecta.

 

Cuando llegó la noticia del fallecimiento de Brendel, encontré aquel conjunto del “Concierto de despedida” que ya había visto muchas veces y lo volví a escuchar. Los dos conciertos incluidos en este álbum son un recital solista en Hannover, el 14 de diciembre de 2008, y su colaboración con la Orquesta Filarmónica de Viena en el Concierto para piano n.º 9 de Mozart en mi bemol mayor, interpretado en el “Salón Dorado”. Se trata de una grabación en vivo de los dos últimos conciertos de la larga carrera artística de Brendel, de una importancia extraordinaria.

 

Brandle dijo en cierta ocasión: «Esto marca el fin de mi carrera como intérprete. Había planeado con antelación estos dos conciertos de despedida. Siempre he disfrutado asumir los retos que me plantean distintas experiencias y afronto mi última actuación con el corazón sereno». Quizá fue una mera coincidencia que, desde su primer concierto en solitario en su ciudad natal, Graz, en 1948, hasta su actuación de despedida a finales de 2008, la trayectoria escénica del maestro abarcara exactamente seis décadas.

 

Las cuatro obras que se interpretaron en el recital de Hanóver fueron las Variaciones en fa menor de Haydn, la Sonata n.º 9 en fa mayor de Mozart, la Sonata n.º 13 en mi bemol mayor de Beethoven y la Sonata en si bemol mayor de Schubert; y estos cuatro compositores, por cierto, acompañaron a Brendel a lo largo de toda su carrera artística. Quizá el maestro también sea plenamente consciente de que, en la mente del público, su nombre seguirá estando estrechamente ligado a estos compositores alemanes y austriacos.

 

Para Brendel, cada obra tiene sus propias reglas y, al interpretarla, es preciso pensar en sintonía con el compositor. Este fue también el principio artístico que siguió a lo largo de toda su vida, y no constituyó una excepción ni siquiera en este último concierto como solista. Como siempre, dota a estas piezas de nueva vida gracias a su agudo sentido del timbre y a un análisis profundo de sus connotaciones. Al mismo tiempo, expone fielmente el carácter musical original de estas obras y mantiene bajo control las emociones que le son propias.

 

En raras ocasiones se dedicaba a interpretaciones adaptadas; para el bis del concierto eligió el arreglo que Busoni realizó del “Preludio de canto” de Bach, como si quisiera transmitir a los amantes de la música que su vida tras la jubilación sería tan serena como la música que aquí se escuchó.

 

Cuatro días después, Brendel reservó su auténtico momento de despedida para su amada obra: el enérgico Concierto para piano n.º 9 en mi bemol mayor de Mozart. Llamó a esta pieza “una fantasía del mundo”. A su juicio, la melodía aquí rebosa tanto el vigor y la vitalidad de la juventud como la serenidad y la sabiduría de la vejez. Aunque su interpretación sigue prestando gran atención a plasmar el dramatismo propio de la música de Mozart, y la combinación de razón y humor atraviesa constantemente el sonido pianístico, en comparación con anteriores actuaciones, su ejecución aquí revela un mayor sentido de retorno a la sencillez.

 

Hoy en día, aunque Brendel nos ha dejado, su música para piano y sus concepciones artísticas no se desvanecerán con él. Los abundantes materiales audiovisuales que grabó a lo largo de toda su vida y las numerosas obras que compuso acabarán por convertirse en la valiosa herencia que legó a las generaciones futuras y seguirán ejerciendo un impacto duradero en el tiempo.

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