ENFOQUE EN LOS PUNTOS CRÍTICOS
Desacoplamiento y desriesgo solo perjudican los intereses de Estados Unidos
Publicado:
2024-06-06
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La constante difusión de la doctrina de seguridad nacional y el deterioro del auténtico espíritu del comercio internacional y de las prácticas empresariales, impulsados por políticos y responsables de la formulación de políticas en Estados Unidos, están dando lugar a tendencias destructivas que perjudican la economía nacional, la industria y las oportunidades de inversión en el país.
Lamentablemente, los políticos y los responsables de la formulación de políticas no han extraído ninguna lección de la desaceleración económica y del bajo nivel de producción industrial en Estados Unidos y siguen insistiendo en impulsar medidas jurídicas y administrativas poco acertadas para reducir riesgos frente a China y a las empresas chinas.
El proteccionismo económico, el recurso a la seguridad nacional en los asuntos económicos y la imposición unilateral de sanciones, prohibiciones de inversión y otras medidas de desacoplamiento y reducción de riesgos se han vuelto autodestructivos, lo que ha dejado escasas perspectivas de recuperación económica, de desarrollo manufacturero a gran escala, de estabilidad fiscal y monetaria y de productividad empresarial.
Recientemente, el Departamento de Comercio de Estados Unidos echó por tierra el auténtico espíritu del comercio internacional al incluir en una lista negra a 37 entidades chinas, alegando la supuesta participación china en asuntos militares rusos. Peor aún, se están imponiendo aranceles más elevados a las importaciones de vehículos eléctricos y de otros productos procedentes de China.
El portavoz del Ministerio de Comercio de China lo calificó como un abuso de las medidas de control de las exportaciones destinado a suprimir y contener a empresas de otros países.
Tal como señaló el portavoz, tales medidas tienen efectos multiplicadores, entre ellos la promoción de sistemas comerciales y empresariales internacionales ilegales, la negación flagrante de los derechos e intereses legítimos de las empresas chinas, el menoscabo de la seguridad y la estabilidad de las cadenas industriales y de suministro mundiales, y el obstáculo al proceso de recuperación y desarrollo de la economía mundial.
En realidad, las economías de Estados Unidos y China están estrechamente interconectadas, pero sus vínculos comerciales y económicos se están tensando. A pesar de los niveles récord del comercio bilateral entre Estados Unidos y China en 2022, la relación comercial está dejando de ser tan interdependiente. El aumento de las tensiones entre Washington y Pekín está llevando a los inversores estadounidenses y chinos a alejarse de ambos mercados.
El gobierno estadounidense sentirá el impacto de su política de desvinculación respecto a China y enfrentará dificultades para producir baterías de vehículos eléctricos sin contar con grafito de producción china. El grafito es un material esencial en las baterías de litio, y en la actualidad China abastece al 70 por ciento de la demanda mundial.
La verdad es que el proteccionismo económico no salvará la economía, la industria ni la sociedad estadounidenses.
Las políticas estadounidenses de desvinculación y contención contra China están perjudicando gravemente la eficiencia, la productividad y el crecimiento de sus industrias. Un análisis crítico revela que, en los últimos tres años, el gobierno de Estados Unidos ha aplicado estrictos controles a las exportaciones con el fin de debilitar la capacidad de alta tecnología de China. Sin embargo, estas políticas de desvinculación y contención están resultando contraproducentes, afectando negativamente al propio país y generando un complejo efecto de doble filo.
El último informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, titulado “Riesgo geopolítico y desacoplamiento: evidencia a partir de los controles de exportación estadounidenses”, puso de relieve este problema. Reafirmó que los controles de exportación de Estados Unidos han provocado un desacoplamiento generalizado entre los proveedores estadounidenses y las empresas chinas. Los proveedores estadounidenses afectados son más propensos a poner fin a las relaciones existentes con clientes chinos y menos propensos a establecer nuevas relaciones.
En consecuencia, debido al estricto régimen de exportación y a las políticas contrarias al comercio, los negocios y la inversión, numerosos proveedores estadounidenses se ven gravemente afectados y no logran establecer nuevas conexiones en la cadena de suministro con clientes en Estados Unidos ni en países aliados durante los tres años siguientes a la entrada en vigor de los controles de exportación.
Ahora, estas empresas y corporaciones estadounidenses están registrando pérdidas considerables, acercándose gradualmente a la trampa de los créditos morosos, los riesgos de incumplimiento y la baja productividad industrial y las reducidas cuotas de mercado.
Al final, son las empresas y los conglomerados estadounidenses quienes han registrado pérdidas acumuladas por 130 mil millones de dólares debido a sus políticas de desvinculación y contención frente a China. Estos proveedores también están experimentando una disminución en sus ingresos, su rentabilidad y su plantilla laboral. Los préstamos bancarios otorgados a dichos proveedores se han reducido notablemente, lo que señala limitaciones financieras más amplias.
Por el contrario, las empresas chinas objeto de sanciones han aumentado su dependencia de proveedores nacionales y no estadounidenses para hacer frente a las restricciones impuestas por Estados Unidos. Curiosamente, esto ha impulsado la innovación nacional en China, ya que las empresas se ven obligadas a reducir su dependencia de la tecnología estadounidense.
Parece que el sector manufacturero chino ha logrado un desarrollo sistémico de gran escala, diversificado y multinivel, que se está expandiendo en el mercado global, especialmente en sectores como los vehículos eléctricos, las tecnologías verdes, la construcción naval y el ferrocarril de alta velocidad, así como en el sector siderúrgico, mientras que Estados Unidos se queda rezagado y se limita a ocuparse de una nueva narrativa sobre la “sobrecapacidad”, que en realidad refleja una subcapacidad de su propio potencial industrial.
Así, la llamada narrativa nacional de Estados Unidos adolece de doble rasero, y su actual desvinculación, reducción de riesgos y contención de China resultan perjudiciales para su economía, su industria, su potencial de inversión, su sector bancario y, sobre todo, su papel en el sistema de comercio internacional. La verdadera globalización económica y la cooperación internacional son la única vía a seguir.
El autor es presidente de la Sociedad de Relaciones Internacionales y Derecho, del Instituto de Estudios Jurídicos de Lahore, y director del Corredor Pakistán‑China del Conocimiento, en Pakistán.
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